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Viajar ilustrando

Comienzos de septiembre. Regreso de muchos lugares físicos y mentales... No necesariamente para todos. Ahora que gran parte acaba de aparcar al cuñado, la sombrilla y los últimos granos de arena playera, Laura Pérez piensa en su próximo destino.
El oficio de la ilustración, entre otros puntos a su favor, nos permite operar casi desde cualquier parte para cualquier punto del mapa. "Desde que podemos enviar todo por correo electrónico y usar las plataformas digitales, no tienes la obligación de permanecer parada en ningún sitio si decides trabajar como freelance, por lo que uno decide si quiere trabajar viajando o tener un espacio fijo", comenta Laura.

En su caso, cuenta, "he disfrutado viviendo en distintos países a la vez que trabajaba desde cualquier espacio con internet. Ahora, sin embargo, prefiero trabajar desde mi ciudad (Valencia) y, de vez en cuando, subirme a un avión y continuar el proyecto en el lugar de destino para desconectar durante un tiempo y volver".

Londres, Singapur, Colombia, Nueva York, Canadá y muchas ciudades españolas han ubicado provisionalmente el estudio portátil de esta inquieta ilustradora. Su equipo básico, "una mochila no muy grande donde puedo meter una funda con el portátil y la tableta gráfica, con su boli digital. También incluyo una libreta con buen gramaje (me ayuda dibujar sobre una buena superficie que no transparente) y un estuche muy pequeño con lo básico para dibujar: portaminas, minas, goma y boli".

Imprescindible también, recomienda, es el ubicuo Smartphone con 4G: "En caso de no tener wifi, puedes compartir la conexión del teléfono con el portátil”. Más complicado es el momento de “pasar el boceto de la libreta al ordenador. O bien se le hace una buena foto o buscas cualquier local donde te lo puedan escanear, no suele ser un problema".

Esta hiperconectividad ha dado pie a unas cuantas situaciones  curiosas. Con un pie todavía en la canoa con la que acababa de descender un caudaloso río, aprovechaba para responder correos de trabajo. En Cartagena de Indias (Colombia), "me pasé dibujando desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. Solo paré para comer porque tenía una entrega con clientes alemanes y había ocupado mucho tiempo con vuelos y trayectos. Me encontraba trabajando en medio de una fiesta del hostal así que, por lo menos, me traían cerveza mientras me preguntaban ¿Qué haces tanto tiempo delante del ordenador? O me tentaban: Let´s dance salsa".

Pese a la escena que refleja en la ilustración que nos acompaña, Laura se confiesa "poco playera". En ese contexto, prefiere abocetar "bajo un cocotero mientras los demás se tuestan en la arena".



En una pirueta evocadora, recuerda una anécdota de Singapur. Mientras se aplicaba a su lámina, "una niña china, la hija del casero, me decía que eso no estaba bien y me ensañaba lo bonita que era su caligrafía china. Trazaba increíblemente rápido. Me enseñó a escribir bonito y yo le mostré cómo dibujar una cara".

Tanto trasiego ha hecho de Laura una experta en aprovechar las eternas horas muertas en los transportes públicos de megalópolis como Nueva York o en los aeropuertos. "Los aviones son también un lugar estupendo para centrarse y dibujar".

¿Quién no ha preparado unos exámenes en una cafetería? Algo que sigue desconcertando a un buen número de padres. Les tranquilizaremos. Sus hijos estudian de verdad (guiño-guiño). A Laura le encanta "el ruidillo constante que suele haber, me ayuda a concentrarme. También me gusta estar rodeada de extraños a los que dibujar y refrescar las formas de las caras, gestos... La mayor parte de mis personajes están inspirados en gente que conozco o he visto por ahí. Las estaciones son estupendas también. Hay mucha gente quieta, con la misma pose, perfecta para ser dibujada o estudiada".

Por ilustrar hasta ha ilustrado en plena selva resistiendo a los elementos naturales como un personaje posmoderno de Jack London: "Me picaron muchos mosquitos, y llegué llena de arañazos. No me quejo, no me enteraba mientras pasaba. ¡Había muchas cosas que ver! Reconozco que soy muy urbanita, pero necesito escapadas cada cierto tiempo para desconectar de la locura de la ciudad. Cuando me encontré en medio de la selva, descalza y trepando rocas en el río, me sentí muy bien. Después, a la hora de dibujar, se nota ese desbloqueo y las cosas salen muy fluidas. Las formas orgánicas, los colores, la naturaleza… ayudan a que eso se transforme en un dibujo más conciso y detallado, al menos eso me ha pasado a mí".

Como decíamos, Laura destaca que "cualquier momento es bueno, cualquier sitio puede ser válido para un pequeño apunte. Los lugares de descanso o de tránsito son perfectos para escribir o plantearte soluciones. Como tienes poco tiempo, lo exprimes mejor".

Desde su experiencia de intrépida exploradora, aconseja a otros aventureros que, cuando busquen alojamiento, "procuren asegurarse de contar con alguna mesa útil cobre la cual acampar nuestras cosas. Dibuja lo que ves a tu alrededor, aunque sea solo para ti y, si te acuerdas, envíame una postal..."
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