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¡Bienvenida, Laura Wächter!

De padre alemán y madre española, creció a caballo entre la Málaga rural y Extremadura. Fue galardonada con el premio INJUVE y seleccionada en el VI Catálogo Iberoamericano de la Ilustración y los World Illustration Awards. El trabajo que le resulta más cercano, y con el que se siente más satisfecha, es el que navega en la introspección. Con formas y colores suaves nos deja entrever la crudeza de algunos aspectos de la vida, construyendo en sus piezas un universo absurdo e intimista, donde procura que la vulnerabilidad y la autenticidad estén siempre presentes. Bienvenida a tu casa, Laura.
Padre alemán y madre española, ¿es un cóctel creativo?

No, qué va (Risas). Eso solo me ha dejado un apellido curioso e impronunciable, porque crecí aquí en España con mi madre. La manera en que ella me educó sí puede que haya potenciado la tendencia creativa. No me ponía trabas sobreprotectoras en el juego, cosa que le agradezco mucho.

Siempre tuve libertad e independencia para experimentar y probar cosas. Uno de mis juegos favoritos, con tres o cuatro años, era clavar clavos en una tabla y pasar hilos de colores entre ellos haciendo formas. Mi madre me recuerda, riéndose, que pasaba horas en mi cuarto con la puerta cerrada y le gritaba desde dentro: “¡No entres, eh!” Y que se oía un cacharrerío de fondo...

Ver a miembros de mi familia hacer cosas creativas también ha ayudado. Mi madre siempre ha tenido afición por el dibujo, la mayoría de mis tíos también, y mi abuelo pintó toda su vida.

Las aventuras gráficas de los videojuegos te guiaron hasta la entrada secreta a la ilustración...

Despertaron mi interés por el mundo gráfico como "algo a lo que dedicarme". Me llamaba mucho la atención esa mezcla de historias y dibujos y cómo te implican mentalmente teniendo que combinar acciones y objetos continuamente para avanzar.

Ilustradora y diseñadora gráfica, ¿se llevan bien ambas facetas?

En mi caso se necesitan. Tengo que ver que todo encaja bien en el resultado final para sentirme satisfecha con el trabajo. Si en un proyecto hay un buen diseñador que te facilita toda la información que necesitas como ilustrador, sale natural. Pero, cuando he hecho un proyecto propio, la opción que he visto más viable es aprender a hacer las cosas yo misma. He acabado incluso imprimiendo en casa y encuadernando a mano en tapa dura mis portafolios.

¿Cómo te sentó ganar el premio INJUVE de Ilustración tan joven? Está claro que es un premio para artistas jóvenes pero, dada su importancia, ¿pesa, impulsa, da igual?

Me sorprendió porque mandé mi trabajo el último día, por sentir que había cumplido con mi deber. Siempre que he participado en concursos lo he hecho con la misma actitud: "Por si las moscas". Creo que no me pasó ninguna de las tres cosas, porque en el fondo mi reacción fue un "¿en serio?" Así que agradecí mucho que se fijasen en mi trabajo y me diesen la oportunidad de enseñarlo, sin más.



Dices que tomas la ilustración como terapia personal. ¿El lienzo como diván?

En gran parte, sí. Como diván, como algo en lo que volcarme... se puede decir de muchas maneras. En momentos en los que no sé dónde meterme por algún motivo en concreto, o por nada en particular, traducir eso a imagen siempre me supone cierta calma.

Además de terapia, también es una vía de introspección.

Hace tiempo controlaba menos el proceso creativo, porque trabajaba de una manera más automática. Entendía a posteriori posibles razones que me podían haber movido a dibujar unas cosas y no otras. Sí que es una buena herramienta para observarse o leer en uno mismo cosas de las que no somos del todo conscientes.

Combinas "un universo de formas y colores suaves" con "la crudeza de algunos aspectos de la vida". ¿Cómo así? ¿La vida tiene una cara oculta?

Quizás no oculta, pero sí más difícil de ver. E incluso, aunque se vea, puede ser difícil de procesar, porque no es la versión oficial que se nos ofrece en un principio de "cómo deberían ser las cosas". La vida tiene muchas partes crudas que se suelen intentar suavizar o tapar, por ahorrar dolor o pensando que así los problemas desaparecen pero, en mi opinión, solo genera bloqueo. Es sano hablar, comentar lo que a uno le preocupa, preguntar las dudas que se tengan, decir las cosas que se sienten... Y reconocer lo que ocurre, no mirar para otro lado.

Creo que tenemos un serio problema en los hábitos de comunicación. No estamos acostumbrados a hablar de lo que nos pasa realmente y a confiar los unos en los otros. Es algo raro de ver.

Dices que la imagen permite transmitir algunas emociones mejor que las palabras...

Bueno, no creo que la imagen las transmita mejor. Es solo que yo, con las palabras, me manejo regular y las emociones a veces me resultan muy desbordantes y complejas. Me refiero a ese tipo de cosas que no estamos acostumbrados a verbalizar en el día a día porque no encontramos la manera de decirlas y que, a veces, suponen superponer sentimientos o sensaciones aparentemente contradictorios.

Con la imagen me siento más capaz de materializar todo eso, en escenas o situaciones. Con palabras me cuesta mucho, porque es un lenguaje que yo no sé manejar bien en un sentido artístico. Mi imaginación siempre ha tendido a lo visual. Pero es algo personal, disfruto mucho la literatura y creo que el poder de la palabra es tremendo. Que yo no lo domine... es otra cosa. Cada uno se comunica como puede.



En 2015 fuiste seleccionada en el VI Catálogo Iberoamericano. ¿Puedes hablarnos de esas ilustraciones?

Esa serie supuso un antes y un después en mi manera de enfrentarme a plantear una imagen. Antes solía incluir muchos elementos que no me servían para comunicar nada y que solo distraían la atención. Supongo que fue ese momento crítico, al que llegamos muchos, en el que sentimos la necesidad de simplificar,
para que el contenido pase a otras partes menos visibles.

En las ilustraciones se ve una niña recorriendo un camino de obstáculos. No se sabe muy bien cómo supera cada uno, pero es obvio que lo hace porque llega al siguiente. Algunos son más literales, otros más simbólicos... al final es una especie de yincana emocional.

Comenzó siendo un tríptico, pero acabaron siendo cinco paneles. ¡Creo que habría seguido añadiendo!

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

He visto mucho cine independiente, y siempre me han gustado mucho esos silencios y esas pausas que se crean entre los personajes a veces. Creo que eso se ha colado un poco en mi trabajo, aunque sea difícil hacer un vínculo directo. Los colores y la luz también tienen cierta influencia del cine nórdico (esos ambientes nublados, donde no hay sombras cortantes ni colores chillones). Últimamente saturo más todo y compongo de otra manera, probablemente por influencia del diseño contemporáneo y otros ilustradores que me gustan.

Veo muchísimas imágenes al día. Ahora es inevitable, todos lo hacemos. La simbología de cierto tipo de fotos que busco a conciencia me ha influido mucho en los últimos años. Imágenes que a veces ocultan el rostro, donde se ven habitaciones o entornos domésticos, rosas, objetos en llamas, casas, manos... Llegué a hacer un blog para recopilar imágenes, citas y canciones que me inspiraban. De ahí salieron varios símbolos y enfoques que con el tiempo han significado cosas para mí y que he incluido en mi trabajo.

En tu trabajo mezclas técnicas sin prejuicios. ¿Qué te decide por una o por otra?

Suelo probar técnicas cuando me pica la curiosidad si las veo en alguna parte y me gustan. Intento buscar la manera de adaptarlas a mi forma de trabajar, aunque no siempre la encuentro. Lo que me decide por una o por otra... La versatilidad. Que me permita corregir, porque me gusta probar cambios y ver cómo quedan, y hay técnicas en las que eso se convierte en un suplicio o directamente no te lo permiten. No tengo esa maestría en el dibujo que tienen algunos de hacer los trazos a la primera, y voy construyendo la imagen por aproximación, así que me vuelvo un poco loca cuando me falta el ctrl+z o la goma de borrar.

¿Y tu favorita?

Creo que se nota (Risas). La digital gana por goleada, aunque como espectadora me gustan mucho las tradicionales. El motivo de que suela usar la técnica digital, además de la versatilidad que comentaba antes, es que aprendí con ella y la he ido perfeccionando. La vida del joven de los 2000 ha estado sujeta a estar mudándose cada dos por tres y a mucha precariedad, pero siempre tenía mi portátil y mi tableta conmigo. No necesitaba un estudio donde tener los materiales, ni grandes medios más allá de los que ya tenía para sacar mis estudios adelante. Para mí eso fue clave, poder ponerme a trabajar en cualquier sitio donde hubiese un enchufe y un poco de tranquilidad.

La luz y el volumen son elementos fundamentales en toda tu obra.

Sí, curiosamente aprendí a trabajar la luz y el volumen antes que a dibujar. Al principio usaba formas muy básicas y, cuando tenía que hacer algo a línea, era un desastre. Pero no sé por qué, siempre tuve facilidad para imaginar la física de la luz. Un tipo de luz muy concreto: imaginaria, simplificada. No tiene intención de ser fotorrealista, solo de dar algo de vida a las escenas que me imagino, materializarlas de alguna manera.



Juegas mucho con la conceptualización, como reflejan los trabajos para Principia Magazine. ¿Qué método tienes?

Leo varias veces el artículo e intento poner imágenes al texto en mi cabeza. Procuro que no sean cosas demasiado literales (a no ser que el artículo requiera algo descriptivo), y quedarme con momentos clave sin revelar demasiado. Hago varios bocetos con el espacio donde irían en las páginas y le doy unas cuantas vueltas hasta que alguna opción me convence. Depende del tiempo del que disponga, a veces puedo tardar prácticamente lo mismo en pensar lo que voy a hacer que en hacerlo, porque no siempre me convencen las ideas. Afortunadamente, a pesar de ser prensa, Quique me suele avisar con tiempo y me da mucha libertad. Ojalá todos los encargos fueran así (carcajada).

¿Juzgas un libro por su tapa?

No, no suelo. Pero una cubierta que me gusta o me atrae sí puede hacer que lo coja y le eche un ojo al interior. Eso sí, si no me interesa lo que leo, lo vuelvo a dejar y adiós. También una cubierta con un diseño poco limpio o que me resulta incómoda visualmente puede hacer que ese libro pase más desapercibido a mi ojo entre el resto, aunque no quiera. Especialmente si es un libro nuevo y no conozco el título.

Firmas alguna cubierta, como Los incursores (Blackie Books). ¿Cómo haces para captar el alma de un libro y comprimirla?

Intento empaparme al máximo. Leo el libro, releo partes, investigo sobre el autor... igual me surgen preguntas que hacerle antes de empezar a dibujar. En Blackie me facilitaron mucho el trabajo sugiriéndome películas y adaptaciones inspiradas en el libro, fue muy cómodo trabajar con ellos.

Para ilustrar la cubierta intento quedarme con la impronta que ha dejado el libro en mí tras leerlo. Puede ser un planteamiento inicial o una sensación general. En el caso de Los incursores, por encima de todo veía a una niña diminuta, pero independiente y aventurera, que no quiere esperar a que hagan las cosas por ella, que coge sus herramientas y sale al mundo. Con esa idea me quedé. Cuando lo acabé me recordó un poco a la escena de El caminante sobre el mar de nubes, de Friedrich. Siempre me gustó mucho ese cuadro y me inspiró una sensación grandiosa del mundo que se muestra ante alguien que lo quiere ver. Puede ser que me inspirase en él sin darme cuenta.



¿Consideras que has alcanzado un estilo propio, una voz personal?

Siempre tengo la sensación de que me queda mucho por aprender y perfeccionar. Pero si trabajo dentro de mi técnica y con cierta libertad, creo que es fácil reconocer algo mío para alguien que ya haya visto más cosas.

En ocasiones trasteas con el anacronismo integrando elementos de diferentes épocas en una sola imagen. ¿Cómo funciona eso?

En general soy una persona muy ecléctica. En la forma de vestir, en los gustos musicales... He pasado temporadas en las que estéticamente tendía a lo retro, pero he acabado mezclando tantas cosas que, en el fondo, creo que no es más que otro modo de alejar la imagen un poco más de la realidad externa diaria y acercarla un poco al subconsciente. Enrarecer la lógica de la escena para que parezca más un sueño, algo que está dentro de la mente, y no fuera. Es lo que se me ocurre, aunque puede no ser así, no es algo que haga adrede.

¿Qué época te interesa más estéticamente?

La actual, porque hay muchos movimientos alternativos a la imagen imperante que mezclan estilos y elementos de muchas épocas y que para mí tienen un magnetismo brutal, porque además introducen contenido (de crítica o de lo que sea). El vaporwave, por ejemplo.

¿Cómo afrontas cada nuevo trabajo?

Como lo que es, un nuevo trabajo con unas nuevas necesidades. Intento resetear y ver qué es lo que me pide ese proyecto para que tenga sentido como unidad.



En un par de palabras (o casi)...

En tu mesa de dibujo no falta... El portátil, la tableta y un poco de orden.

¿El mundo se divide entre quienes toman café o té? Ni hablar, yo tomo de los dos.

¿Películas o series? Ambas. Las series me resultan más fáciles de ver, pero las películas tienen todo comprimido.

Tres cosas que haces antes de ponerte a dibujar. Dar vueltas, mentalizarme y preparar las cosas que necesito.

¿Recuerdas tu primera ilustración? Realmente, no. No sabría cuál contar como la primera. ¿El primer dibujo? ¿El primer encargo como ilustradora? Es una pregunta difícil.

¿Y la primera que viste? Tampoco. Recuerdo el primer cuadro que me impactó y que me quedaba mirando muchísimo rato en una pequeña reproducción que andaba por casa cuando era pequeña. Era la parte del Infierno del Jardín de las delicias, de El Bosco. También recuerdo especialmente dos libros ilustrados de mi infancia que tenían dibujos llenos de detalles pequeños en los que me perdía. Uno era Quisicosas, publicado por SM, y otro uno grande de brujas del que no logro recordar el nombre.

Una ciudad para perderse... Una que no conozca todavía.

Ese color díscolo que nunca encajas... Cualquier color flúor.

¿Tu primer libro recordado? Si hablamos de narrativa, La historia interminable. Es el primero que recuerdo que me obsesionó, aunque no sea esa exactamente la pregunta.

¿Qué libro nos recomendarías? El mito de Sísifo, de Albert Camus. Siempre digo el mismo, pero es que me marcó.

¿Con qué personaje literario te gustaría salir de paseo? Hace muchos años habría dicho que Lord Henry Bottom, pero creo que hoy en día no le aguantaría. No sé... Gregorio Samsa, quizás.

Una historia para ilustrar...  Cualquiera que me guste. No se me viene ninguna concreta a la mente.

Pon banda sonora a tus dibujos. Creo que pondría una canción diferente a cada uno, de grupos diferentes, y cambiaría de opinión según el momento. Pero por decir algunas...

Me too > Black Marble - Cruel Summer
Let me in > Arvo Pärt - Fur Alina
Sisterhood > Woman's Hour - To the end
Hijos de la Oscuridad > Wojciech Golczewski - Magnetic Storm
Camino > alt-J - Adeline
Oxytocin > Cigarretes After Sex - Nothing's Gonna Hurt You Baby

(Ilustración > Artista - Canción)

> Hemos creado una playlist en Spotify. Escúchalas.  

No podrías vivir sin... Buenos amigos.


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