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El misterio de Ardlamont

A finales del siglo XIX, hizo su aparición por primera vez la criminología entendida como una ciencia. Daniel Smith nos lo explica en este ensayo publicado por Larrad Ediciones con cubierta de, quién más apropiado, Iban Barrenetxea.
El misterio de Ardlamont cuenta que fue entonces también cuando se inventaron técnicas hoy tan conocidas como los análisis de sangre o la toma de huellas dactilares y se puso de moda la imaginación creativa como método para entender la mente de un criminal.

Estos descubrimientos fueron precisamente los que inspiraron a Arthur Donan Coyle para crear al detective más famoso de la historia. Pero, ¿existió realmente Sherlock Holmes? Daniel Smith, experto en la literatura de Coyle y el legendario Sherlock, se sumerge en las investigaciones forenses decimonónicas de Escocia e Inglaterra para buscar lo que inspiró la creación de Holmes.

La respuesta se encuentra en los dos médicos forenses más conocidos de la época, Bell y Littlejohn, profesores universitarios de Arthur Conan Doyle y buenos amigos del autor, quien asistía a sus clases y anotaba sus insólitos razonamientos para más tarde imitar y plasmar sobre el papel esa misma lógica en los casos de Sherlock. Smith también recopila una investigación que causó furor en la prensa londinense y que giró en torno a un supuesto asesinato que se hizo pasar por un accidente de caza.

Conocido como «el misterio de Ardlamont», se trató de un conflicto entre los padres de Cecil, un joven aristócrata heredero, y su tutor Monson, un embaucador que arrastraba grandes deudas. El juicio fue muy famoso porque Bell y Littlejohn aportaron pruebas forenses para demostrar que la bala había sido disparada por una tercera persona, y que no se trataba de un mero accidente.

La documentación exhaustiva del autor para poder escribir esta obra sorprende por la cantidad de detalles que ha logrado recopilar, desde diálogos verídicos que Bell sostuvo con sus alumnos hasta la correspondencia íntima intercambiada entre los implicados en el crimen de Ardlamont y las transcripciones del juicio.

El caso, que fue seguido de cerca por Arthur Conan Doyle, presenta muchas similitudes con los del famoso detective. La combinación de criminología y medicina forense con literatura detectivesca y de misterio hace de este libro una lectura extraordinaria y recomendable para un público muy amplio.
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